La belleza del caos

July 31, 2018

          Soy una persona que padece obsesión por el orden, algunos podrían catalogarlo como ataxofobia, sin embargo a mí no me causa pavor, lo que si me causa desesperación, ansiedad, asco y enojo.

 

         Soy amante de lo blanco, el cristal y lo plateado, todo en estilo minimalista. Mi oficina, es de color blanco con un escritorio de cristal, silla transparente y decoraciones plateadas y de cristal.

 

         Necesito que en los lugares en donde estoy, haya corrientes de aire naturales y ventanas grandes por donde entre luz natural. Entre más luz natural mejor. Entre menos cosas tenga, mejor. Todo debe estar ordenado de menor a mayor, por colores, por tamaños y si algo está viejo, roto o sucio se reemplaza. Es ley en mi vida.

 

         Pero crecí de una manera muy diferente. Crecí subiéndome a árboles, jugando a los pastelitos de lodo, nadando en el río y los canales que llevan agua a las siembras de caña, crecí caminando en terracería, con “chanclas” y los pies empolvados al final del día. Pero eso nunca me molestó, eso me traía alegrías. Lo que me molestaba era el desorden. Eso no tenía desorden, estaba ordenado a su modo.

 

      Desorden para mí, era una casa en donde no estaban delimitadas las funciones de las habitaciones, por ejemplo que la gente podía dormir en la sala, comer en los cuartos, dejar ropa tirada y platos sucios por toda la casa, en donde se apilaba la basura y torres de platos sucios, eso para mí era desorden.

 

         Desorden también para mí, era ver que papeles socialmente establecidos se cambiaban, por ejemplo, ver a una mujer mantener a un hombre, ver madres “solteras” porque están con hombres “parásitos” que no  ayudan en nada y otras cuestiones sociales que con el paso de los años se han manifestado.

 

         Si, también eso era desorden para mí y me enervaba verlo. Hasta que una noche de pronto me di cuenta de que cada “desorden” es un mundo. Cada persona libra una batalla a la que no tengo derecho a meterme, que muchos desean salir de ese desorden pero no saben cómo y como ya antes lo he escrito, todo cambio requiere decisión, quitar viejas acciones y cambiarlas por nuevas y diferentes que nos costará desarrollar y adaptar, así como aprendizaje. Y eso es un PROCESO. Y es más fácil seguir en donde estamos que pasar por todo esto, y es por eso que muchos jamás salen de ese desorden.

 

         Porque si mental y emocionalmente se encuentran así, por obvias razones sus vidas serán así. ¿Y qué derecho tengo yo a meterme? Y si no quiero que me moleste ¿qué hago ahí?

 

Hace poco mi hija me preguntaba:

- Mami, ¿puedo ayudar a alguien que está en problemas?

- Si mi amor, sin embargo, primero debes de preguntarle si QUIERE ayuda, muchos quieren seguir en donde están y aunque desees ayudarlos, jamás saldrán de donde están porque simplemente no quieren cambiar.

 

         Por obvias razones, no puedo estar con personas que vivan en desorden, puesto que me causa muchas sensaciones. Así que como todo mundo vivía con algún tipo de “desorden” terminé por aislarme completamente. ¡Qué ingenuidad!

 

         Y regresé. Sí, pero con otra mentalidad. Vi que efectivamente, había gente que SÍ quería cambiar su desorden y que yo sabía cómo hacerlo, así que si ellos lo pedían, les guiaba en el proceso de cambio. Un cambio nunca iba a ser placentero, implicaba cierto grado de insatisfacción y para pasar por un proceso había que entenderlo. Fue así como me volví más tolerante.

 

         Cada vez que veía caos a mí alrededor, veía una oportunidad para poder cambiar para mejorar, se prendió en mí como un radar de oportunidades, en donde cada vez se hacían más notorias para mejorar. Soy de aquellas que botan todo a la basura y comienzan de nuevo, y que no se retiran hasta haber logrado lo que se propusieron. Y vi belleza en el caos.

 

         No, no creas que ya soporto vivir en caos, no, de hecho no. Sin embargo trato de ver ¿qué se puede cambiar? ¿Cómo se puede mejorar? ¿A quién se puede beneficiar?

 

        Si mi vida tuviera un título, se llamaría “Procesos”, y es así cómo ahora, en vez de juzgar, tolero. En vez de desesperarme, me doy cuenta de que si no quieren ayuda y quieren seguir viviendo su caos, mejor me alejo, porque aquel que desea un cambio, se esfuerza por realizarlo.

 

         Y tú, ¿qué puedes cambiar en tu vida? ¿Ya viste la belleza en el caos?

 

 

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