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Una enseñanza de mi perrita sobre amor incondicional

Anoche me encontraba platicando con mi perrita. Sí, yo platico con ella y nos entendemos, es raro porque aunque no hablamos el mismo idioma, con miradas y gestos nos decimos todo. Y me di cuenta de cuánto la amo. ¡Cuánto amo yo a mi Pai! Tanto que lloro si sufre como cuando le van a poner sus vacunas, tanto que quiero que duerma cómoda y le hago un espacio en la cama, tanto como que si a veces no se aguanta y se hace en donde no debía, no me enojo con ella. Si, yo amo demasiado a Pai. ¿Y por qué con las personas no es lo mismo?


Y me quedé pensando ¿por qué con mi familia, conocidos, amigos y más, no puedo ser igual? Y concluí que era porque de ellos, esperaba algo.


Mi amor hacia ellos tenía condiciones. ¿Qué es amor incondicional? Pensamos que lo sabemos cuando nos referimos a nuestros padres, familia, pareja o hijos, pero ¿sabemos realmente lo que es amor incondicional? Creo que ayer mi perrita, en medio de caras tiernas, me dio una lección de lo que era amor incondicional.


De ella no espero mucho, a decir verdad, no espero nada. No la tengo para que cuide la casa, ni si quiera para que me cuide, la tengo porque quiero tenerla, la alimento porque quiero alimentarla, le rasco la pancita porque quiero rascarle la pancita, le acaricio la cabecita porque quiero acariciarla, la abrazo porque quiero abrazarla, no es por ninguna otra razón, sino porque la amo, y si ella se pone reacia a mis abrazos y se va brincando, no me molesto.


Pero de todos los de mí alrededor, inconscientemente esperaba algo. Por ejemplo, mientras crecía, de mi padre esperaba que proveyera para el hogar y de mi madre esperaba que me diera tiempo de calidad y una amiga con quien hablar, de ambos esperaba un par de padres que se amaran, de mi hermano esperaba al “típico” hermano mayor que cuida de su hermanita menor, de mi hija esperaba una niña que se comportara de acuerdo a las reglas sociales establecidas y de mis amigos, esperaba que estuvieran ahí cuando pasaba por momentos difíciles. Si, de todos esperaba algo y eso, condicionaba mi amor por ellos. ¿Por qué? Porque en el momento en que no hacían lo que esperaba, como yo tenía en mi mente una idea de lo que quería y consideraba lo correcto, al no hacerlo, les restaba amor y me llenaba de resentimientos por no cumplir con las expectativas marcadas. Pero así viví todo el tiempo. Y como ninguna de esas expectativas se cumplió les guardé mucho resentimiento. Al grado que no quería siquiera tener trato con ellos. Ahora imagina que eso va desde ambas partes. Todos esperan algo de alguien y en cuanto ninguno llena el molde, comienzan los resentimientos, las ideas en la cabeza y cada quien se vuelve más y más distante de los demás. Y así van todos en la vida. ¿Cómo carajos creemos que amamos de verdad? Si le ponemos un “si” condicional a todos. Y eso es triste. Y eso duele. Porque nos priva de realmente amar a la gente que nos rodea.


Entre más capacidades vemos en las personas, generalmente más esperamos de ellas, pero ¿podemos amar realmente sin expectativas? Muchos me refutan que es bueno tener expectativas, sino caeríamos en ser conformistas. Sin embargo esto es muy diferente. En el amor no deben existir las expectativas, porque el amor es una decisión unilateral, no es bilateral. El amor se da de ti hacia afuera al canal de quien lo deseas proyectar, pero el amor no se da porque él o ella te dio, te trato, te dijo, de tal o cual manera.


¿Cómo es posible que ame más a mi perrita que a mi propia familia? Y me llegó al corazón. Y me di cuenta de que estaba siendo demasiado dura con mi familia, con mis amistades, con mí alrededor. Y bajé mis barreras. Si bien, aún debo de trabajar en amar incondicionalmente, un gran paso es tomar consciencia de lo que significa. Y después, tomar la decisión de hacerlo. Para finalizar con poco a poco derribar las expectativas de lo que inconscientemente he puesto sobre los hombros de los demás como carga o molde a llenar. Solo así, se puede llegar al amor incondicional.


Y es ahí, cuando llegamos a él, cuando no esperamos absolutamente nada y tomamos la decisión de amar, que descubrimos lo que es amor de verdad.

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