Finanzas

April 4, 2019

 

      Hace poco hablaba con una amiga. Platicamos sobre cuestiones financieras. Ella preparándose para su boda y yo tratando de aconsejarla. Entre risas, le comenté que era importante planificar desde ahora que estamos “jóvenes” para que cuando llegue nuestra vejez, tengamos todo o casi todo cubierto. Le di el ejemplo de alguien cercano a mí y tan solo expresó, “¿es mexicano?” Y seguimos la plática.

     Sus palabras me hicieron pensar en esta frase, “¿es mexicano?” Entre amigas y yo siendo también mexicana, me doy cuenta de la realidad: Nunca se nos ha enseñado a manejar el dinero y mucho menos a utilizar instrumentos financieros para nuestro futuro.

     Habiendo tenido la oportunidad de vivir en China y de haber visitado India y Corea del Sur, siempre me pregunté ¿cómo es que los Chinos, Indios y Coreanos le hacen para ir a las mejores universidades del mundo y parecen tener absolutamente todos sus gastos cubiertos, viven bien y se ocupan de las prioridades? Mientras que la mayoría de los latinos tiene que tomar trabajos de medio tiempo para salir en el “día a día”… Esto me intrigó.

     Ahora que me encuentro en preparativos para la maestría en Harvard, indudablemente se han tenido que tocar temas financieros. He tenido sesiones virtuales con personas desde todos los rincones del mundo, donde cada uno habla desde su perspectiva. Y me doy cuenta de que las diferencias culturales también aplican a las finanzas.

     Y efectivamente, cuando hablamos de nacionalidades como India, China y Corea del Sur, pareciera como si ya tuvieran todo listo a través de fideicomisos educativos familiares. ¿Y Latinoamérica? Crecí en una familia en donde no se tocaban estos temas, en donde así como el sexo, las finanzas también eran tabú. Si había para comer, ya estábamos bien. Pero siempre vi “inconsistencias”, cosas que yo veía en otras culturas y me parecían buenas, y comparaba con la mía y decía “¿por qué aquí no hacemos eso”? Hasta que crecí y pude entender que no todos tenemos la oportunidad de recibir este tipo de educación mientras crecemos.

      Así que me he dado a la tarea de aprender y como siempre, esparcir ese conocimiento. Como padres latinos- y entiéndase que escribo en general y hablando de la gran mayoría, yo sé que a reglas hay excepciones y en generalidades también hay minorías, así que si usted querido lector, es de aquellos que siguen sanos patrones financieros y es latino, por favor, no se ofenda cuando me refiero a los latinos- nunca pensamos en la educación universitaria de nuestros hijos. Jamás nos hacemos preguntas como ¿a qué universidad va a ir? ¿cuánto es lo que debo tener en mi cuenta de ahorro para poder solventar su universidad? ¿debo abrir un fideicomiso para prever para su futuro? ¿querrá vivir en los dormitorios de la universidad o en un departamento en las afueras? ¿cuánto “dinero de bolsillo” será suficiente darle? ¿cómo va la inflación? ¿cómo creo que estará de aquí a quince años? ¿cómo puedo hacer que esta inversión se multiplique con el paso del tiempo? Y tantas más preguntas que no nos hacemos.

       Ya que en países latinos, no se tiene la cultura de que el hijo se vaya a la universidad y deje la casa a comenzar una vida a los 18 años. Sino que hoy en día, incluso hasta después de la universidad, muchos siguen viviendo con sus padres. Si, comprendo, la situación cada vez se pone más “difícil”, sin embargo, debemos entender que es porque se han perdido enseñanzas importantes y hablar de dinero, es una de ellas.

       Yo seguía los mismos patrones de comportamiento con los que crecí referentes al dinero, hasta que me di cuenta que tenía que tomar otro camino. Mi mamá ha sido un ejemplo para mí, en este aspecto, pero ella fue aprendiendo con el paso de los años, incluso ahora apenas y está aprendiendo sobre cómo manejar mejor sus finanzas, y lo que aprende, lo pone en práctica. Mi padre no, él es todo lo contrario, con una mentalidad que no quiere adaptarse a los cambios y tampoco prever en el futuro. Él vive “al día”.

        Al crecer en esta dicotomía y al tener la exposición internacional que he tenido, ya pude formar mi idiosincrasia, otra manera de decir criterio, y esto me pudo dar las bases para tomar decisiones positivas.

    Hoy por hoy que soy madre de una niña, comienzo a preguntarme todas esas preguntas que muchos se hicieron cuando sus hijos nacieron en otras culturas. Y me cuestiono también sobre en qué invertir. En Latinoamérica casi no se nos enseña a invertir, sino a consumir. La mayoría sigue patrones consumistas que los hunden en deudas. Pero muy pocos invierten en el futuro, y sea una empresa/negocio, un sueño o algo que les vaya a redituar más en el futuro. ¿Por qué? Porque es la enseñanza que hemos recibido, es por eso que es muy importante aprender desde pequeños educación financiera.

      Si queremos generaciones fuertes, que puedan hacerle frente y no batallen al momento de cumplir sus sueños, será necesario tocar estos temas y mostrarles realidades para que ellos decidan, pero que no sigan patrones por ignorancia.

 

         Algunos puntos en qué pensar como padres:

  • Enseñar educación financiera desde pequeños. Desde que comienzan a entender los números es una buena opción.

  • Fomentar el aprendizaje de otras culturas. Esto siempre nos abrirá el panorama para poder formar nuestro criterio.

  • Considerar tener un fideicomiso educativo. Esto permitirá que nuestros hijos puedan “soñar” con ir a universidades en el extranjero o de “primer mundo”, o como las de la Ivy League (Liga de la Hiedra).

  • Acercarnos a aseguradoras para ver qué opciones tenemos.

  • Enseñar a invertir. Considerar diferentes instrumentos y sus beneficios.

  • Enseñar sobre negocios. Poder llevar a nuestros hijos con personas que ya tienen sus empresas y pedirles un poco de su tiempo y que ellos vean lo que con esfuerzo, dedicación y buenas decisiones pueden alcanzar.

  • Hacer una introspección sobre cómo manejamos nuestras finanzas y tomar la decisión de hacer los cambios pertinentes. Recordemos que nosotros somos el ejemplo de nuestros hijos. Lo que hagamos ahora repercutirá en su futuro y hasta nuestros nietos y bisnietos.

      Yo ya hice mi lista sobre mis áreas de oportunidad y ya tomé la decisión de cambiar. Lo más que quiero es poder dejarle a mi hija un futuro y un buen ejemplo, y aunque sé que vienen muchos cambios, y todo cambio implica un grado de insatisfacción momentánea, sé que valdrá el esfuerzo para mis futuras generaciones. ¿Te unes?

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