Cuando se pierden los estribos

August 22, 2019

   

 

   Nadie es perfecto y todos hemos pasado por este tipo de sensaciones en algún momento.

     Generalmente soy una persona que “aguanta”, ¿a qué me refiero con esto? Que la vida la ha llevado a situaciones extenuantes emocionalmente y se mantiene tranquila, sabiendo que se solucionarán. Lo he experimentado infinidad de veces, sin embargo, ayer, tuve un momento donde me quebré. Sí, yo, esa mujer de acero que pareciera que cualquier cosa que la vida le aviente puede con ella. La que parece invencible y como muchos me han dicho, que hasta parece que no tengo sentimientos porque los disimulo muy bien. Si, ayer, me quebré emocionalmente. Y lloré, grité y en una catarsis que incluyó muchas lágrimas, me desahogué.

     Por alguna razón de la vida, he visto como para conmigo ciertas “cosas”, situaciones, trámites y demás, han sido más largos, demandantes y difíciles que para otros. Siempre lo he visto por el lado positivo, que me sirve para afirmar mi carácter, ser más paciente y poder mejorar. Sin embargo, ayer, por un momento, me caí.

       

Por poner un ejemplo muy sencillo que es muy reciente:

      Al momento que me aceptaron en la universidad de Harvard para la maestría, tuve que enviar muchos documentos que me solicitaron. Así que tuve que juntarlos para poder mandarlos. Entre estos documentos, están los “kardex” como les llamamos en México, que en inglés son los “transcripts” o las “listas de materias” de todas las instituciones educativas a las que he asistido. Sellado, firmado, si es en otro idioma, traducido, certificado, notariado, apostillado…

       Yo me gradué de 3 universidades diferentes en 3 países: Estados Unidos, Rusia y México. Así que lo que hice es ir a estas tres universidades de manera presencial en México y en línea en los otros países, a solicitar los documentos.

  • En Estados Unidos me dieron el documento en 15 minutos.

  • En México me lo dieron en el transcurso de 1 mes.

  • En Rusia… se demoraron 6 meses y aún en estos momentos que escribo esta entrada de blog, Harvard no los ha recibido. Apenas me llegó la notificación hoy de que ya terminaron con la verificación y Harvard los recibirá mañana.

     Cuando hablé con otro compañero también de México que fue aceptado al mismo programa que yo, me dijo que su universidad hizo todo el trámite en menos de un mes y que todo resultó muy sencillo y ya sus documentos estaban en oficinas. ¡Eso fue en el primer trimestre del año!

     ¿Y yo? Comprendo que al graduarme de 3 países, el nivel de complejidad aumenta. Así que sí, lloré, lloré muchas veces, sin embargo me dije: Si no puedes cambiar las cosas, ¿para qué te estresas? Así que simplemente hacía lo mejor que podía y estaba en mis manos hacer, de lo demás yo no tengo el control. Aguanté. Y sí, me extendieron las fechas límites y los mantuve al tanto de cómo evolucionaban los trámites.

      Sin embargo, hace poco menos de un mes recibí otro correo que decía que si no recibían estos documentos pronto, ponía en juego mi aceptación a la universidad de Harvard. ¿Estrés? ¡Imagínate recibir una beca y un premio que cubre la totalidad de tus estudios en la mejor universidad del mundo para estudiar algo que deseas demasiado porque te ayudará a seguir impactando vidas a través de tu trabajo y que por algo ajeno a ti, trámites que tú hiciste lo mejor que pudiste pero por burocracias no se enviaron en tiempo… te quiten todo…! Si, así me sentí durante muchos días, por muchos momentos. Pero ya, gracias a Dios, el trámite se finalizó y mañana, la oficina de admisión de la universidad recibe mis documentos. Infinitamente agradecida por tanta paciencia y por haberme extendido la fecha límite para recibir los documentos.

       Después vinieron las cuentas bancarias. Que tenían que ser en dólares y en México no las manejan para personas físicas, tan solo en la frontera… y con un monto muy pequeño para poder hacer depósitos en efectivo ¡AL MES!

       Siempre me han gustado las personas que dicen las cosas de frente y son directos, sin embargo, en México se da mucho que las personas NO dicen las cosas de frente sino que se van por los “lados”, o si no, si hablamos de un contrato o algo así, ya que firmamos los documentos, nos explican “las letras chiquitas”, pero hasta el final. Y resulta que las “letras chiquitas” ya no nos convienen, pero no se nos explicó y nuestra firma ya está ahí…

      Eso es algo que no comparto y por eso cuando me encuentro frente a situaciones donde me tratan de esta manera, me molesta. También soy una persona que no gusta de escuchar los problemas, sino las soluciones. Si hay un problema en puerta, no vengas a hablar de ello conmigo si no tienes al menos una solución a ello. ¿Por qué? Porque mi mente piensa en no perder el tiempo y para mí, enfocarse en el problema es perder el tiempo, para mí lo que se debe hacer es enfocarse en las soluciones. Por eso cuando alguien viene a quejarse sobre algo, con mucho amor y respeto, sonrío y me aparto.

        Y así sucedió. Se presentó un problema que me ataba las manos y comenzaron a explicarme otra vez el problema, las “letras chiquitas”, pero dado que vengo trabajando con esto desde meses antes, me quebré. Sí. Ahí frente a la señorita tuve una “catarsis”. Y después de decir por qué estaba inconforme, comencé a llorar. La señorita muy amable, tomó la situación en sus manos y me dio una solución. Que si bien no me servía del todo, me ayudaba en ese momento. Al final que terminamos los trámites, yo, muy apenada le dije: Discúlpame, de verdad discúlpame, yo no suelo ser así, si tú preguntas, yo NO SOY ASÍ, sin embargo esto ya me sobrepasó, ya me siento muy mal emocionalmente porque llevo lidiando con esto desde hace meses y tengo el tiempo encima. Discúlpame, tú no mereces que yo te trate así, discúlpame.

       Ella muy linda, comprendió y sonrió como aceptando la disculpa.

 

      ¿Por qué quise compartirte esto? Por muchas razones. Entre ellas, el demostrar que también soy humana y con infinidad de defectos. No quisiera que en la mente de mis lectores, crean que mi vida es perfecta y que no tengo problemas, o que nunca paso por situaciones que me duelen, me quiebran y revientan. Porque la realidad es que sí, paso por ellas y muy frecuentemente. He escuchado muchas veces que me han dicho: Ah, pero ¡tu vida es perfecta!, ¡qué bonita vida llevas!, ¡wow, Dios te consiente!, pero a ti ni te duele…, ¿a poco tienes sentimientos?...

     Sí, sí, sí. Como todos los que hemos pasado por estas situaciones. También, mucha gente gusta de ver y seguir a alguien, aún más ahora con redes sociales, para ver cuándo caen, cuando se “les atora” algo y señalarles, burlarse y difamarles.

     Esto es algo muy común que hacen las mentes pequeñas. Si todos enseñáramos a las nuevas generaciones a tener dominio propio, a manejar mejor sus emociones, a ayudar a quien se cae en vez de señalarlo, a mirar con amor a las personas en vez de difamarlos, a sentirse felices por el éxito de otros en vez de sentir envidia, a apoyar en vez de jalar… La sociedad sería completamente distinta.

     No hay persona que sea perfecta. Todos nos caemos, nos quebramos, lloramos, nos estresamos, todos. Unos lo manejamos diferente a otros y es en esos “baches” de la vida, donde aprendemos a mejorar.

 

         Espero que mis palabras te permitan darte cuenta que:

  • Todos necesitamos desahogarnos de vez en vez. Puesto que todos somos humanos.

  • No hay gente perfecta, así que evitemos idealizar a alguien.

  • Los problemas SIEMPRE tienen solución, a veces no la que quisiéramos pero es porque hay algo que aún no vemos, que será mejor que lo que pensábamos.

  • Si nos comportamos de una manera que no es correcta, siempre podemos enmendar el daño al disculparnos.

  • Haz lo mejor que puedas y déjale el resto a Dios. Eso sí, ¡esfuérzate! Y que no quede en ti.

  • Enfócate en las soluciones en vez del problema.

  • Aprende a tener dominio propio. Pide ayuda. Yo lo hice, y llevo años trabajando en este tema, es por eso que hoy por hoy la gente cree que no me afecta nada, sin embargo ayer, después de tanto tiempo, me quebré. Y eso lo tomo como enseñanza en vez de juicio.

  • Sé paciente contigo, los cambios llevan tiempo y requieren esfuerzo.

      Te dejo con esta frase que me dije a mi misma ayer todo el día para tranquilizarme:

 

 

 

      Un abrazo en la distancia y ¡hasta la próxima!

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